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Vivimos constantemente expuestos a situaciones que generan presiones en nuestro organismo. Éste las detecta como peligrosas (ambientales, internas o ambas) y las combate a través de mecanismos fisiológicos como el stress positivo. Si el estímulo causal persiste, se agotan los mecanismos adaptativos y se genera el stress negativo produciéndose la enfermedad.